domingo, 17 de noviembre de 2013

Chico exigente

Los peores barrotes no están en la cárcel
están en la mente.
Hace más de cuatro años cumplo condena
subiendo y bajando las escaleras
del panóptico que cree en torno al ojo observador
de tus sentimientos y exigencias.

Siempre esperaste cosas de mí.
Esperabas que quisiera ser tu novia
esperabas que te quisiera tanto como tú
esperabas que te acompañara.

Quería ser tu novia,
te quería tanto como tú a mí
quería acompañarte.
Pero no quería complacerte.

Hoy no quiero complacerte,
pero lo hago.
Lo hago a medias y por omisión.
Soy esclava de tus exigencias,
esclava de tus esperanzas.
Soy rea de tus soledades,
de tus pérdidas y de tus mares.

Quiero que dejes de esperarme.
Y para eso juego en el limbo de la odiosidad.
Desaparezco porque me ahogo
y con eso te ahogo a ti.
Y reclamas.

Si tú eres juez y carcelero
podrás responderme:
¿Mi condena son cinco años y un día?
¿O es cadena perpetua?

¿¡Qué!?
Sí, tienes razón. También soy mi carcelera.
Condenada a salir de tu prisión 
y en la libertad que me da tu odio
sentirme desprotegida.
Reincido, y hago que me quieras de nuevo.









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