Flash Forward
Ríos deslizándose por mesetas agrietadas de secas, funden tierras con fuegos vulcanos de querer aprender los secretos que los sabios callan pero no ocultan. Muchas interrogantes y pocos caminos, mucha búsqueda y poco destino, buscan tropiezos de sombras ávidas de respuestas, pero prontas a los barrancos.
Las ventiscas de siempre juegan pasadas, buenas o malas, eso es percepción. Hoy jugaron y yo sin querer, jugué. Jugué al realismo de las emociones prestadas de personas que quizás no tienen igual que yo. Jugué sin hacer trampas, no busqué pasadizos ni recodos entre las vías, después de todo, no se juega bien si se sabe juego, y yo no la sabía.
Pero llegué. No llegué al final, ni al destino, llegue justo donde estoy, al lugar que por más que se pise nunca (casi, digo) se encuentra. Y es que quizás el destino no es otra cosa que el presente, un tejido de hilos pasajeros y cadenetas no terminadas, cuales hilachas se escurren de entre los dedos y cualquier enganche los tira y los desarma.
Aunque no hago más que dibujar, aunque mis manos
se mueven buscando un tiralíneas, mi cuerpo se acostumbra
a la inestabilidad de la cama y aunque no trazo perfecto
están los trazos tal como quiero, que no sé como
lo quiero, pero lo siento.
Y mis tripas son cuerdas de guitarras vencidas,
pero suenan, anhelando bálsamos que amilanen
la dureza del deseo de cosas que no pasan,
y disfruten en la incertidumbre de las mariposas
que aun no rompen sus capullos.
Ojo, ya me fui del presente, de nuevo.

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