Instrumento
«A partir de la experiencia o del universal establecido como un todo en el alma, el uno junto a lo mucho, la unidad que está presente, ella misma, en todo ello, surge el principio del arte y la ciencia; si versa sobre la creación, del arte, y si versa sobre lo que existe, de la ciencia»
Aristóteles
Los dibujos son frutos de mis pensamientos. Mis pensamientos son fruto del objeto en que pienso. Los dibujos son fruto del objeto de mis pensamientos. Simple transitividad, ¿no?
Pero Aristóteles y su lógica queda corta ante la complejidad que hay más allá de mis premisas.
Me siento instrumento, mis manos, mi cuerpo y mis ojos. Instrumentalizados por la pasión creadora que nace del sentir. Del sentir-te, del sentir-los.
De ti (o de mí)
No diré sentir-nos, porque no hay un nosotros. Yo camino sola y tú caminas solo. Nuestros caminos se cruzan a veces, a veces muchas veces. Pero no son el mismo.
Y este tú tampoco es el mismo siempre, se viste de muchas caras y de muchos cuerpos.
A veces no hay ni cuerpo ni cara. A veces solo hay sombras.
A veces no hay ni cuerpo ni cara. A veces solo hay sombras.
Sombras que quizás conozco de memoria, sombras que quizás me las invento
Y las dibujo.
No quiero concluir nada, pero si saco algunas
respuestas.
Los dibujos no son míos, son del objeto de mis pensamientos.
No te extrañe que te llegue algún dibujo mío.
No me lo agradezcas.
Yo te lo agradezco.

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